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jueves, 24 de enero de 2013

La operación

Para ponerse en ambiente

Son esos momentos previos a que cierres los ojos, y no sepas si los volverás a abrir, cuando vuelven los fantasmas. Desfilan por tu mente arrastrando sus pesares, remordimientos y sueños aún sin desempaquetar. Sentía a mis fantasmas cuando oí claramente:
-Quirófano 2 libre, pasad a la número 5.
-Vaya, ¡soy un número¡ - me dije
-¿y qué quieres rubia?, así es la vida- me susurró una voz gutural, cerca, tan cerca que casi creí que estaba en la misma cama.
Miré alrededor, pero no había nadie. Las enfermeras más cercanas distaban unos cuantos metros y el celador que se dirigía hacia mí, esbozó una sonrisa y con una voz cantarina me dio ánimos, que ya entraba en quirófano y en un ratito nos veíamos.
-En fin, imaginaciones mías- pensé –efectos del calmante, nervios, qué se yo…
Me pusieron una vía, no sin protestar porque tengo muy malas venas –pues te jodes- pensé, es tu trabajo ¿no?
-Pero el moratón te va a salir a ti rubia…- la misma voz profunda y siseante. Desde luego no era la de las enfermeras que me rodeaban y pasaban de la cama a la camilla de la sala de operaciones.
Un hombre de verde, cirujano a todas luces, apareció por la puerta y se puso a revisar papeles. –Electro perfecto, tienes muy bien el corazón… esto… María- dijo mirando la pegatina con mi nombre que identificaba un gran sobre color ocre.
-¿la rubia?, ¿qué tiene bien el corazón?, si tú supieras… le falla tanto como el coco… y le siguió una carcajada que rebotaba en la quietud de la sala. Nadie, ninguna enfermera ni el cirujano parecieron oírla.
El doctor seguía revisando informes y hablando en voz alta:
-Los análisis también correctos… la tensión… ajá aquí está, resultado de la radiografía… ok, bueno, esto María, ahora te vamos a ir sedando para ….
-¿radiografía? A mí no me han hecho ninguna radiografía…
-Pues no rubita, no, ja ja…
-¿Quién eres?- Pregunté lo más alto que pude, pero ninguno de los presentes hizo amago de escucharme.
-Tú sabrás, tú me has convocado… ya sabes a veces hay que tener cuidado con lo que se desea…
A riesgo de parecer absolutamente idiota no puede evitar pensar en los tres fantasmas de la Navidad de Dickens. ¿el del pasado?
-nooooo
-¿el del presente?
-hum… no
-¿el del futuro?
-Quizás…
-¿Quién  eres?- nadie escuchaba mi voz, o mis pensamientos o lo que fuesen, pero si alguien hubiese podido hacerlo seguro que los tildaba de… de ¿histéricos?
-¡Ay rubia!, pero qué melodramática que eres… que no le llegas a la altura a Dickens, ¿cómo van a venir a verte los grandes fantasmas temporales?, me temo que te tienes que conformar conmigo…
-¿La voy a cascar?- supongo que si hay que ser patética y hacer semejante pregunta, un fantasma propio no es mal contertulio después de todo.
-Por supuesto… algún día, ¿qué? ¿tienes prisa por ir al otro lado?
En esos momentos estaba ya casi segura de que esa era mi última conversación terrenal, cuando el cirujano apremió a una de las enfermeras:
- Venga ir preparándola, mientras hace efecto el sedante.
Note como en sueños unas manos frías y enguantadas me iban desnudando, -tenían que rasurarme- dijeron
-¿qué? ¿cómo lo ves rubita? Pasar al otro mundo en culo pajarero y con depilación brasileña… no son formas de presentarse ¿no crees?, además ya sabes que te quedarás así para toda la eternidad…
Si hubiese podido gritar, llorar, lo hubiese hecho, lo juro, pero en ese preciso instante el cirujano exclamó:
-Pero, pero ¿qué hacéis?... ¡que le operamos de la nariz!
-noooo, que nooo- quería gritar pero no emitía ningún sonido – que me operan de una variz!
El médico se acercó y me bramó al oído:
-Y tú ¿qué? Donde se ha visto que le depilen los genitales a nadie por una operación de nariz. ¿Es que no sabes quejarte?
-uyyyy, señor doctor… si usted supiera de todo lo que se queja esta rubia a todas horas…
-¡Que alguien me escuche, por favor!, que me tienen  que operar de una variz, por favor… por favor…
-María, despierta, despiertaaaa, que te has quedado dormida antes de la operación. Anda que ya te van a bajar.
Había sido una pesadilla, ¡uf que alivio!. El celador me bajó al quirófano donde mi médico –Guille- un argentino descendiente de emigrantes vascos me soltó un:
 –María, ¿Qué, tranquila no? Me dicen que te has dormido antes de bajar, qué bien oye, igual hasta nos ahorras la epidural…
-Sí, me he dormido, hasta con pesadilla y todo…
-Ahora dormirás más- dijo mientras la anestesista punzaba mi espalda.
-Contame, María, ¿qué soñaste?
-Un fantasma me visitaba y me tomaba el pelo…me vacilaba…
-Será el fantasma del humor ¿no? ¡Qué fantástico! Ojalá se os quede mucho tiempo con vos… Escribila mujer, escribila, haced uno de vuestros cuentos, que se os da bien.
La anestesia empezó a causar efecto y mientras mi vista se nublaba volví a oír la voz.
-¿Has escrito… tu testamento … rubia….?




2 comentarios:

  1. Muy divertido. Gracias por este ratito de risas. Beso. Ana U.

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  2. Ángeles Sánchez Gandarillas5 de febrero de 2013, 18:13

    Muy bueno y lo entiendo muyyyyyy bien. Mejor con humor. Eso de las equivocaciones no es tan descabellado; me querían operar de la pierna izquierda, y les tuve que demostrar que llevaba rasurada la parte izquierda de la cabeza por algo.
    Veo que te fue bien y me alegro que tu miedo desapareciera.
    A-brazo-partido.
    Lines

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