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viernes, 8 de marzo de 2013

El papel de Laura

Hoy es el día de la mujer trabajadora, y me suele gustar escribir algún cuento en fechas especiales. Pero esta vez lo que cuento es una historia real, porque a veces, la realidad supera la ficción y porque, en esta ocasión, quisiera rendir tributo a una gran trabajadora... y sobre todo a una buenísima persona que me regala su amistad. Creo que no hay trabajo pequeño, simplemente sueldos escasos.
 
Mi amiga Laura trabaja en un despacho de abogados. Tiene, según dice ella, un trabajo insignificante: hace fotocopias, archiva expedientes, lleva documentos al juzgado, recoge actas del registro, y aguanta los caprichos de su jefe: un súper abogado de muchas campanillas. Se siente pequeña e infravalorada. Se queja a menudo de los casos importantes que ve resolver a su jefe y ella, en cambio, sólo mueve papeles de un sitio a otro. Y hace el chiste de que pese a tanto papel que maneja, no sabe cuál es su papel en la vida...
Hay que decir, que algo de razón tiene la mujer. De hecho, por no tener, no tiene ni siquiera una cuenta de email. Usa la de su jefe, el súper abogado, que es demasiado importante para contestar él mismo los correos. Gracias a este desprecio por la tecnología que siente el señor abogado, es como Laura y yo charlamos y mantenemos el contacto. No se me escapa que muchos viernes, antes de archivarlo todo y cerrar el despacho, se queda media horita más. Allí, sola, en la paz del despacho vacío, me envía un email, que luego debe borrar claro está. Ella es consciente de que rara vez leo sus correos el mismo viernes, ya que suelo quedar con los amigos para tomar algo. Yo, a su vez, le leo el fin de semana y le contesto para que lo lea el lunes a primera hora. Es nuestro pacto.
Hace unas pocas semanas, quiso la casualidad que el viernes me retrasara al salir de casa, y leí su email. Me decía, -ojalá que estuvieses ahí, necesitaría que me echases una mano porque tengo una mezcla de pena, rabia e impotencia... y me contaba una historia terrible.
Todos los días suele tomar el cafelito mañanero en una degustación, y, después de tantos años tiene cierta amistad con la dueña. Esa mañana de viernes, aquella, sabiendo que mi amiga trabaja con abogados, le preguntó a ver qué clase de casos llevaban,  porque quizás necesitasen uno. Le contó que su hermana mayor está separada y que tiene dos niñas de 5 y 7 añitos. Tiene la custodia compartida y el sábado debía llevar a las niñas con su ex marido. Pero, en la familia tenían sospechas de abusos sexuales a la pequeña, ¡¡5 años!! Y en esos momentos estaban en el hospital con el médico forense. Por desgracia mientras le contaba todo esto, recibió la llamada de su hermana confirmándole estos hechos.
Laura, lógicamente, subió a su oficina, habló con los abogados del bufete y se puso en marcha toda la maquinaria. Tuvieron una tarde ajetreada con el procurador, preparando documentación para el juez, etc etc etc. La madre dejó a las dos niñas en la cafetería de su hermana y estuvo allí, en el despacho, encerrada entre abogados, pero estaba preocupada por las niñas, así que decidieron subirlas al bufete. Y evidentemente le iba a tocar a ella, a Laura, cuidar de las niñas. En ese inpass entre que iban a buscarlas y llegaban, me envió el correo. Estaba agobiada, su email destilaba una rabia que jamás había visto en ella, que es una persona muy tranquila por lo demás. Me decía –leerás esto mañana, ojalá que me leyeses ahora y pudieses ayudarme...
Puesto que le contesté, a ver en qué podía ayudarla (además de decirle que efectivamente yo también compartía la idea de que algunas personas estarían mejor muertas que vivas). Laura me preguntaba, ¿tienes algún cuento infantil? Por fa envíame, para que les lea y les ponga a dibujar. Eso hice, simplemente envié un email con un cuento, le deseé lo mejor y me despedí. El sábado y el domingo le llamé, pero no me cogió.
El lunes a primera hora, tenía un email suyo. Me decía que bueno, que judicialmente ya habían hecho todos los papeles, la denuncia, habían paralizado evidentemente el entregarle las niñas al padre... y que estaba emocionada porque al acabar aquel viernes, al salir del despacho, la madre le abrazó a ella, porque en mucho tiempo no había visto jugar y divertirse a sus niñas, y le daba las gracias. Y Laura a su vez, me daba las gracias, porque según ella, era por mi cuento...confieso que casi me eché a llorar.
Yo también le escribí. Creo que hay historias que nos enternecen, o nos infunden valor, o nos hacen reír, pero ningún cuento es comparable con dedicarle un rato a jugar con los niños y provocarles una sonrisa. Es decir, hay un juego y unos compañeros: el parchís está genial si tienes con quien jugarlo, si no, no es nada.
Le dije a Laura, que ese había sido su papel, el de compañera de juegos. Y que seguramente la madre, lo que más recordaría de ese día, no era los papeles llenos de firmas de los abogados, si no los papeles con dibujos de sus hijas, el saberlas niñas y felices. Creo que ese viernes el papel de Laura, fue sin duda el mayor en todo su bufete.

Hoy es el día de la mujer trabajadora, y Laura que se siente siempre tan poquita cosa, debería estar orgullosa. Por eso cuento su historia.
Te recuerdo que NO HAY TRABAJO PEQUEÑO, solo sueldo escaso, que no es lo mismo...

jueves, 7 de marzo de 2013

Notificación

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les estaba permitida la entrada en la casita de chocolate. Así rezaba el cartel de la puerta, pero no conseguía ahuyentar ni a vendedores de fascículos ni encuestadores. Encima eran de lo más insistentes y la última vez le habían endosado un robot de cocina… Por eso había decidido instalar un buzón. Lo que no entendía la pobre bruja es qué demonios era aquello de “notificación de desahucio por impago de impuestos municipales…”. Tenía que consultárselo a la bola de cristal...