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miércoles, 22 de enero de 2014

En carne propia

Pero esta vez, ella lloró. Aunque no sé por qué.  En todas las demás ocasiones nunca había visto ninguna reacción sentimental en ella, así que sus lágrimas me sorprendieron. Recogí su alma mutilada y chamuscada, y me la llevé al infierno.

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