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sábado, 7 de septiembre de 2013

La deuda.

Soy cobrador. Me contratan para cobrar deudas. No cuestiono si son justas, no me involucro personalmente, hago mi trabajo y punto. Durante el día me embuto en mi frac, con el impongo respeto, miedo diría yo. Primero estudio a mis víctimas, busco el momento apropiado para abordarlas, me gusta ser discreto, que hay mucho chapucero en la profesión. Finalmente les quito todo lo que tienen, ellos se lo han buscado digo yo. Hoy mi objetivo me lo está poniendo difícil, llevo horas siguiéndole hasta llegar a este callejón. Me acerco y como siempre saludo quitándome la chistera y diciendo mi frase: “Caballero, vengo a saldar una deuda”, y abro mi maletín…

Un disparo amortiguado y mi cuerpo se desploma contra el asfalto.  La notificación de embargo vuela por los aires y lo último que oigo es: “Maldita sea, sólo era un cobrador del frac”… 

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