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lunes, 16 de septiembre de 2013

La fuerza de la costumbre


José nota como le temblequean las manos al anudarse la corbata –es la emoción de volver a verla- se dice. Como cada tarde se coloca un clavel rojo en la solapa y sale risueño calle abajo. Lleva ya un año cortejándola y sus pies se saben de memoria el camino.  Cuando toca a la puerta la preciosa María está tan guapa como siempre, aunque… ¿Qué es eso? ¿Un pendiente en la nariz?
-Abuelo… ¿ya te has vuelto a escapar de la residencia?
Entonces, de golpe, los 50 años que separan ambos recuerdos se aúnan y José sonríe.

-Sí, nena, me he vuelto a confundir, pero el clavel es para ti.

1 comentario:

  1. ¡Qué tierno, MEL! Me gustó mucho, de verdad. Me encanta cómo decidiste terminarlo, dándole la posibilidad de pulverizar esos 50 años para sonreír y obsequiar un clavel... Besotes.

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