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martes, 12 de noviembre de 2013

El pintor

En su oficina abandonó el tiempo, sí, ese que parecía nunca acabarse. De su hogar rescató la fantasía de las paredes y despidió a la monotonía que se había apoltronado en su existencia. Todo lo demás lo vendió o regaló a los mirones que le observaban al otro lado de la valla de su vida. Empaquetó sus dibujos junto a una sonrisa tímida, puso un lazo rojo y nos lo envió. Ni lo dudamos y aceptamos su solicitud. Ahora podéis ver su obra cada vez que miréis al cielo, ya que él, es el nuevo encargado del arco iris.  



2 comentarios:

  1. Hermoso texto. Me gusta. Un beso

    PD. Yo también fui oficinista, dejé atrás ese todo innecesario, y escribo (todo aquello). Ahora busco arco iris por custodiar o pintar.

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  2. Gracias Ramón, todo un placer que un poeta como tú admire mi pequeño arco iris, dicen que todos tenemos uno.
    Abrazos

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