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viernes, 1 de noviembre de 2013

Límites

Tras la última bronca me había prometido cambiar, que sería la última vez. Tiene ese no se qué que me puede y le creí. Incluso cuando tuve que ausentarme un par de días y su sonrisa me convenció de que todo iría bien. Cuando regresé encontré cigarrillos extinguidos en los ceniceros, copas a medio consumir, restos de comida en la mesa, su ropa interior esparcida por la sala…
Ya no aguanto más, todo tiene su límite. Se acabó la excusa de “mamá, ¡qué soy un adolescente!”

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