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domingo, 17 de noviembre de 2013

El regalo.

Desde las almenas los exhaustos arqueros abucheaban al ejército contrario que se batía en retirada.  Todos gritaban: -¡Victoria, somos libres!-. Los cautivos, entre los que estaba el príncipe atacante, fueron llevados ante el Rey. El pueblo exigía sangre. El sabio monarca habló así:
-La libertad es no ser esclavo, ni de otros hombres ni de uno mismo. Ya no tenemos enemigos, no seamos presos de nuestras propias venganzas. Liberadlos.
El príncipe, conmocionado por tales palabras, añadió:
-Un vencedor puede perdonar la vida, un amigo regala libertad. Acepta mi amistad y lealtad por siempre.

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